¿para qué seguir ocultándolo?
nos conocemos
yo di siempre el corazón
la mejor fruta
la más trémula de las libélulas
el león más hambriento
como un rojo gajo a esas manos
pero cada uno avejenta
con su propia lupa
y solo hemos jugado
a hablar de lo mismo
y nunca ha habido estrados
para lupas, para juegos
ni para corazones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario