cuando
pasaba mi mano por tu espalda,
era mi mano regocijada,
parte
de mí subiendo y bajando dulcemente por tus heridas invisibles
y
aunque la metáfora no llegue a sondear en el magma de tu dolor
salgo de este mí y escribo lo que ha sido encontrar
tu cuerpo
mismo
y añoro como si los años pudieran extrañar
y me
sonrío, porque se que estallarás
de vida nueva cavada hacia
adelante
taladro des-esperado de sentido
risa de andar
liviano